sábado, 17 de diciembre de 2011

De memoria y cabalgatas

Memoria, memoria... !cuántos desmanes se cometen en tu nombre!


Denuncia Manuel Barragán, no sin motivo, la subvención que el Ayuntamiento de Cáceres, con holgada mayoría del PP, ha concedido a alguna agrupación adoradora de la zurda memoria. Su condición de historiador le mueve a identificar los antecedentes del asunto, exhumar papeles y aportar testimonios que ilustren su más que fundada protesta. Pero a mi amigo Manuel le pierde su juventud y su fe, a veces ciega, en ese partido que en pocos días se encargará de formar gobierno.


Siempre es difícil escoger el camino
adecuado. Mucho peor es el resultado
de no elegir ninguno



No hace mucho (lo hemos mencionado aquí en varias ocasiones), a raíz de las jornadas  celebradas en Castuera, que motivaron una pataleta protagonizada por el PSOE local, Manuel aplaudió la decisión del flamante alcalde popular de dicha localidad de tolerar aquella reunión. Digo bien: tolerar, porque no otra cosa fue la decisión del consistorio: permitir con cierta desgana la concentración de una veintena de personas convocadas por Ángel David Martín Rubio y Luis Vicente Pelegrí. De tolerante y equidistante podemos calificar semejante actitud, que se limitó a aportar una pareja de policías locales en previsión de unos altercados que nunca tuvieron lugar.


Los rostros amables son los mejores transmisores
de las verdades a medias





Esta equidistancia municipal no impidió, sin embargo, que continuaran los ataques socialistas contra unas jornadas que ya habían pasado, y contra el propio Manuel. La inhibición practicada por las autoridades, en este y en otros muchos casos, creo que se debe a una mezcla letal y destructiva de temor hacia las reacciones de un adversario político al que siempre ha querido agradar (¿o hacerse perdonar?, ¿pero... qué?) y, lo que es más preocupante, una carencia casi total de ideología, lo que ha provocado, en gran parte de los potenciales seguidores de esa formación, muy probablemente, un hastío y decepción que justifican por si solos la escasísima subida en el número de los votos obtenidos el pasado 20 de noviembre por el PP.


¿No estarán trucados los resultados de los sondeos
de audiencias? Tantos millones, no me cuadran

Si la fe de Manuel le ha causado semejante disgusto, por su juventud no recordará similares renuncias del PP durante la mayoría de que disfrutó hasta marzo de 2004. No es cuestión de elaborar un catálogo de abandonos y traiciones. Pero como muestra, un botón que abrió un mundo de posibilidades que convirtió en realidades el zapaterismo, en este caso, televisivo. Me estoy refiriendo a una de las series de mayor audiencia del mundo mundial transmitida por TVE: "Cuéntame cómo pasó". Como la memoria zurda, al igual que la muerte, acaba afectando a todos, llegó a emponzoñar a los responsables de la cosa cultural (o de agit-prop) del PP cuando perpetraron aquella felonía que presumía de reconstruir de manera fidedigna, año a año, los últimos cuarenta de nuestra historia. La deformación, tergiversación, exageración de unos extremos y omisión de otros, todo ello con ínfulas de investigación histórica y un minucioso trabajo de documentación, tuvo un paralelismo, gracias al éxito alcanzado, en otro engendro infumable y pretencioso que está copando, como "Cuéntame...", las cuotas de audiencia: "Amar en tiempos revueltos"


"Crónicas de un pueblo" adoctrinaba a los españoles
con los principios fundamentales del Movimiento

Ignoro qué política cultural esconderá en la manga Rajoy en lo tocante a TVE. La verdad, tampoco me interesa demasiado, porque sospecho que continuará todo igual, es decir, siguiendo la estela de "Crónicas de un pueblo". Lo único que puedo asegurar es que, en cuanto a la economía, las medidas de racionalidad se van a hacer sentir en muy pocos días en mi barrio, pues nuestro modesto, sencillo y ahorrador alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, ha tomado una decisión mediante la cual se estremecerá el Misterio, nunca mejor dicho: a la Cabalgata que introducía todos los años, la tarde-noche del 5 de enero, a los Reyes Magos en el barrio de Aluche, se le ha negado el permiso necesario para transitar por nuestras calles. Con el ahorro que se conseguirá retirando media docena de camionetas engalanadas, imagino se sanearán las milmillonarias deudas del Ayuntamiento y, por qué no, se dará en todo el gusto a los que siempre han aborrecido estas festividades. Pero...¿se suspenderá igualmente la gigantesca cabalgata del centro? Mucho me temo que no.


Carroza de SM el Rey Baltasar en alguna de sus cabalgadas
por Aluche. Parece que esta tradición, en la que se volcaban varias
asociaciones del barrio, supone un dispendio insoportable para nuestras arcas.

viernes, 16 de diciembre de 2011

La función social de los abuelos

Todavía hay quien busca sin descanso el elixir de la eterna juventud

Decir que vivimos en una sociedad cambiante es una perogrullada tan gruesa que avergüenza un poco insistir en la idea. Como un organismo vivo, pues no otra cosa es la unión de millones de seres humanos, está sujeta a contínuas crisis, desarrollos y regresiones; de lo contrario, estaría condenada a la extinción. Eso no justifica que actitudes y comportamientos muy extendidos merezcan el aplauso, cuando no la indiferencia general.


Como me rechina un poco hablar de grupos sociales o colectivos (el lenguaje es, ciertamente, perverso y debemos escoger las palabras con lupa para no caer en las trampas que nos tienden aquellos a quienes repudiamos), considero más acertado, en aras de la objetividad, manejar un término tan frío como imparcial: tramos de edad.

En la actualidad hay dos tramos de edad que parecen ser los únicos que merecen una atención especial por parte de la misma sociedad en la que se encuadran y de los poderes públicos.

Vivienda digna, salario digno, trabajo digno...
Y ¿por qué no? Madrid con puerto de mar


Por un lado tenemos el sector comprendido entre, digamos, los 18-19 y 28-29 años, es decir: adolescentes, post-adolescentes y primera juventud. En un mundo en el que se da de lado a la diferencia, a lo que se aleja de la norma (siempre que la diferencia y la norma no sean consensuadas); cuando se aprecia, por encima de otros valores, la perfección física y la plenitud sexual; donde se oculta y maquilla el dolor y el sufrimiento, la enfermedad, la muerte... esta edad, pletórica de vida, hormonas y no pocos despropósitos, es el espejo en el que todo el mundo se quiere ver reflejado. Abundan las políticas sociales dirigidas a asegurar su bienestar, a suavizar los obstáculos con los que se pueden tropezar en el camino, a facilitar, en definitiva, el desenvolmimiento de sus deseos y esperanzas.


Y en segundo lugar nos encontramos con los mayores, la tercera edad, jubilados  y pre-jubilados, pensionistas en plena posesión de sus facultades físicas y mentales. Si con la juventud las políticas del Estado del Bienestar pretenden alargar una soñada infancia, dorada y muelle, con nuestros mayores se afana en proporcionarles unas expectativas que, en buena lógica, resultan disparatadas, ya que no todos pueden acceder a ellas y, en definitiva, suponen una carga más que debe arrastrar el contribuyente.



Dicen que, a partir de los cincuenta y tantos, si te levantas de la cama sin
algún dolor significa que estás muerto. No me gustaría volver a bregar con bebés dentro de 20 años.
Pero, como reza el refrán, nunca digas de este agua no beberé...



Fuera de los desvelos del Estado Providencia quedarían los, a mi modo de ver, dos sectores fundamentales para que este mundo en que vivimos, con todos sus errores y horrores pero el único vivible mientras no se demuestre lo contrario, no se derrumbe como un castillo de naipes. Me estoy refiriendo a la infancia y a la madurez.
Nos sorprendería descubrir cuántos de estos abuelos tan entregados han
jugado con sus hijos, les han cambiado los pañales o han visto cómo pasaban las
horas
dándoles de comer


La infancia se ha transformado en un laboratorio donde, lejos de preparar a los niños a enfrentarse a un mundo, a partes iguales, maravilloso y cruel, los iluminados de todo pelaje ensayan sus fantasías educativas siempre tendentes a inhibir sus potencialidades y su capacidad creadora, igualarles en la mediocridad, cerrando esas vías de emulación y estímulo, únicas que capacitan al hombre para alcanzar el progreso.


¿Y qué decir de la madurez? Nada: son los años del trabajo y la producción, de puesta en práctica de lo aprendido durante años, en los que el hombre, como premio a su esfuerzo y dedicación, se ve esquilmado y exprimido para mantener las ensoñaciones de una juventud que todavía no aporta, pero que ya exige y consume, y de una vejez que no se resiste a dejar de gestionar, que cree erroneamente vivir de las rentas acumuladas en su nombre por el sistema durante toda su vida laboral y que, con su comportamiento, introduce un importante factor de distorsión social


De manera infructuosa, en más de una ocasión he practicado proselitismo en
el parque de mi barrio. Esfuerzo inútil: los abuelos no quieren vivir sus vidas,
Prefieren sacrificarlas por sus hijos y nietos

Y no exagero cuando hablo de distorsión. Si nos detenemos en el ámbito familiar, célula de toda sociedad, el papel de los abuelos implicados se deja sentir en:

1. Prolongación indebida de la adolescencia en los padres jóvenes. La existencia de abuelos que colaboren en el cuidado y educación de los nietos hacen que sus padres:
  • Destinen parte de sus ingresos a continuar la vida que llevaban antes de tener hijos, como salir y viajar solos
  • Eviten asumir los sacrificios y renuncias que, junto a las satisfacciones y gratificaciones, suponen los hijos, lo que desemboca inevitablemente en frustración y decepción cuando llega el momento de cortar el cordón umbilical
2. Innecesaria confusión en los niños que, al verse rodeados de dos autoridades diferentes (padres y abuelos) pero difícilmente compatibles, acaban frecuentemente perdiéndole el respeto a unos y otros, conviertiéndose en seres caprichosos y adultos tiranos.

También se ve afectado en gran medida el sistema educativo:

1. La implicación de los abuelos en la ayuda a sus hijos, hace que los horarios escolares de los niños tiendan hacia la jornada intensiva durante todo el curso académico, ya que siempre habrá alguien que pueda ocuparse de ellos desde el mediodía

2. Esa misma ayuda minimiza la terrible repercusión que los larguísimos periodos vacacionales escolares tienen en aquellas familias que no pueden disfrutar de abuelos entregados

3. Por ende, la reducción en el número de horas lectivas, hace que se desaproveche la tremenda capacidad de aprendizaje que tienen los niños, lo cual se puede calificar de delito de lesa educación y que en el medio-largo plazo se dejará sentir dolorosamente en la falta de competitividad (y capacidad de esfuerzo y sacrificio) que padecerán las próximas generaciones

De todo esto se deduce que la tan manida conciliación de la vida laboral y la familiar es una entelequia o una broma pesada mientras los abuelos se empeñen en ayudar a sus hijos en la crianza y educación de los nietos.

La función social de los abuelos es, así, una artimaña semejante a otra función social: la de la empresa. Si consideramos que la negativa a asumir la senectud con salud, como ese periodo de la vida en el que el hombre puede dedicarse, por fin, a desarrollar las aficiones emplazadas durante años, tiene como corolario una intromisión no venial en el desarrollo´natural de la sociedad, adjudicar a la empresa una función (la social) ajena a la que se espera de ella (mejorar procesos y ganar dinero) conduce necesariamente a confundir la realidad con los deseos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sobre cine y series. "Hair", "American horror story" y "The walking dead"



Mi cultura cinematográfica es paupérrima, lo confieso. Muchas veces lo he comentado y, cuando lo hago, la gente me mira con extrañeza. Porque no comprendo que nadie, en su sano juicio, sea capaz de ver dos, tres o cuatro películas a la semana y pretenda conservar cierto grado de equilibrio emocional. Bueno, acepto tanta ingesta de cine en un crítico (no en vano, se gana los garbanzos con ello, al igual que los que disecan cadáveres) o en alguien a quien le dé igual ocho que ochenta debido a su falta de criterio o a un desaforado afán de consumo cultural. Miento: también comprendo a la generación de nuestros padres, que engañaban el frío y el hambre de la guerra y la posguerra, y lograban olvidar por un momento las penurias y carestías gracias a los noventa minutos de glamour que les debían proporcionar esas películas de la edad de oro.
Esta inclinación mía se ha visto agudizada con los años, hasta el punto de desconocer gran parte de la nómina de actores que la gente ensalza o denigra según el favor del viento. Y, que quede claro, no hago distingos entre el cine nacional y el foráneo.


Las razones son muy sencillas, y quedan resumidas en una sola: mi tendencia maldita a creerme lo que me cuentan. Me identifico con aquellos espectadores que huían despavoridos cuando se proyectaban las primeras películas con caballos que galopaban hacia el (o locomotoras que se lanzaban al) patio de butacas. Si se trata de un melodrama, me emociono con los protagonistas, y si hablamos de horrores reales, me dura la resaca un par de días. La decisión de Sophie, La lista de Shindler,.. me provocaron tanta zozobra que juré que una y no más...


La primera vez que experimenté esa desazón fue por culpa de la película de Milos Forman Hair. Musical hippy cuando ya no los había, que se debió estrenar en España en 1980 y lo proyectaron, entre otros, en el cine Extremadura, una de esas salas de sesión contínua donde no se caían los carteles durante semanas. Aparte del Extremadura, en mi barrio (y en mi época) había otros dos: el Astoria, muy cerca del Puente de Segovia, y el Lisboa, en el Alto de Extremadura, y los fines de semana también "echaban películas" en el colegio de los Salesianos. La escena del hipy embarcando en el avión rumbo a una muerte segura en Vietnam me apenaba, cuando lo traigo a la memoria treinta años después, de una forma un tanto excesiva.


"Aquarius", una de las canciones emblemáticas de Hair, la escuché el otro día en la entrada del capítulo segundo o tercero de una de las series más impactantes de los últimos tiempos: American horror story. Porque si mi rechazo al cine es casi total, por la razón más arriba expuesta, mi adhesión a las series de ambientes un tanto extraños y retorcidos empieza a ser preocupante.


Aprecio en estas series la atmósfera que han conseguido crear y la tensión sostenida.

En el caso de The walking dead se palpa el calor, la humedad de los estados sureños. Queda muy bien reflejado el agobio de esos personajes agotados, sudando constantemente, sucios, transitando por un mundo que se va pero que ellos insisten en conservar, con el sonido angustioso de las cigarras como un hilo conductor que une lo improbable con lo imposible. Con ser lo más vistoso, los muertos vivientes, zombies o caminantes como les llaman ellos, no es, sin embargo, lo más importante de la trama. Esta se nutre más bien de las distintas posturas adoptadas ante lo que parece ser el fin del mundo, un mundo donde ha desaparecido cualquier rastro de autoridad y organización, donde la máxima es el sálvese quien pueda, pero en el que, sin embargo, se lucha por reconstruir una imagen de lo que fue.

La angustia y la opresión de American horror story reside en la casa de Los Ángeles, receptáculo de ese mal intrínseco tan grato a Lovecraft. Cada capítulo es introducido por uno de esos crímenes espantosos, reales o ficticios, al estilo de los perpetrados por Charles Manson. Aún teniendo una gran carga erótica, así como elevadas dosis de escenas gore y de casquería, lo mismo que sucede con The walking dead, el interés de esta serie reside en la confusión y el desorden, no saber quién está vivo y quién no, qué se debe a los efectos del láudano y qué es real, dónde está la barrera entre la vigilia y el sueño.... Es de destacar, igualmente, la intención moral del argumento al presentar la infidelidad matrimonial como un desencadenante de la trama y que provocó en su momento la destrucción de casi todos esos personajes que pululan alrededor de la casa, como las polillas se ven atraídas por la lámpara incandescente.

Ya que vamos de confesiones, ahí va otra: mi proverbial dispersión solo puede verse retenida ante una permanencia no superior a sesenta minutos ante la TV. Por lo tanto, los canales que me proporcionan el visionado completo de un capítulo de cualquier serie son FOX y TNT, responsables de otros productos del mismo género, aunque en su faceta vampírica. Aquí sí hago distingos entre lo nuestro y lo que no lo es. Pero eso es harina de otro costal.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Hacer difícil lo fácil o Elogio de la sencillez


No nos engañemos. Este contrasentido, paradójicamente, guía nuestra vida. Porque el ser humano, con tal de no hacer lo que tiene que hacer, es capaz de enredarse en los más desagradables (y costosos) berenjenales, para adentrarse en los cuales debe, además, invertir un esfuerzo mayor que aquel que pretende ahorrarse con el atajo, recogiendo, como fruto, las más desagradables consecuencias. Los ejemplos abundan por poco que escarbemos y todos, en más de una ocasión, nos hemos visto envueltos en esa madeja que una falsa estratagema de la comodidad se entretiene en anudar hasta el infinito.


Si nos detenemos por un momento en el pensamiento político, y en todas las recetas que filósofos, historiadores, visionarios, economistas y sociólogos han extendido a aquellos que querían facilitar la vida del hombre que anhelaba alcanzar la felicidad en comunidad, el elogio de la sencillez se convierte en una voz que clama desde la cara oculta de la Luna.


Porque no puedo entender de otra manera el éxito absoluto de esos productos ideológicos que, para rizar más el embrollo, no son capaces ni siquiera de adoptar una marca, pero que yo me empecino en llamar hijos de la multípara ideología social. En ese cajón de (de)sastre ebullen como en una olla al fuego todas las fantasías que un día se llamaron socialismo, anarquismo, fascismo, corporativismo, nacionalismo, comunismo, nazismo, socialdemocracia, democracia-cristiana... Todas aquellas construcciones que durante dos siglos han jugado a gobernar, con los resultados por todos conocidos; ese pensamiento que, cada vez que se expresa, no abandona, ni por equivocación, el campo semántico que tiene sus puntos cardinales en grandilocuencias como Sociedad, Solidaridad, Igualdad, Humanidad, Fraternidad.. Esas elucubraciones salpimentadas con una pizca de cristianismo mal entendido, anacronismo barato, romanticismo de opereta, mesianismo de salón, culturalismo ñoño y cientificismo sin ciencia son las que hoy rigen nuestros destinos


La confusión es tal, que ya no hay rojos ni azules, derechas ni izquierdas; se ha extendido por doquier el morado y el espíritu ambidiestro (o ambizurdo, valga el neologismo). Quien no comulge con ruedas de molino, pasa a convertirse en un outsider sin remedio y provocará sonrisistas de conmiseración en su entorno.

Y por mucho tiempo, pues cualquiera es el guapo que se arriesga a devolver al individuo las riendas de su propia vida sin morir en el intento.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Frente de Madrid: Martínez Bande y GEFREMA



Este mes de noviembre, aposentados ya sus reales de frío, agua, ocres y grises, no hace más que proporcionarme pequeñas satisfacciones en forma de coincidencias o casualidades. Si fuera supersticioso, empezaría a preocuparme. Descubro en varios blogs intereses similares a los míos (Paisajes arañados, de Güil;  Tierra roja, de Oliver Law; Historias matritenses, Pasión por Madrid, de J. J. Guerra Esetena;   Sol y moscas de Florentino Areneros...); pretendo celebrar, a mi manera, los 75 años de la "batalla de Madrid" con lecturas y aproximaciones a los hechos a través de los testimonios fotográficos y personales que no hacen más que mostrarme, desde otra perspectiva en blanco y negro o sepia, imágenes antiguas de mi barrio de ayer y de hoy, con todo lo que ello conlleva de cimentación de recuerdos y eliminación de sospechas mal fundadas; encuentro, por fin, después de muchos años de decepciones, estudios objetivos, desapasionados y bastante científicos de nuestra guerra o de episodios clave de la misma.

Hoy solo quiero referirme a un libro y a una revista.


En 1976, José Manuel Martínez Bande  (1907-2001) * publica en la editorial barcelonesa Luis de Caralt su monografía Frente de Madrid. Animado por nuestras visitas a parte de los restos del frente en Castuera y Madrid, y con la intención de conocer algo más sobre la faceta bélica de la guerra (valga la redundancia), un conocido de GEFREMA me sugirió la lectura de este estudio de Martínez Bande. Rigurosamente agotado, adquirí un ejemplar, así como otro del mismo autor sobre el cierre de la bolsa de La Serena, en una librería de viejo. Confieso que en un principio me llevé un chasco. Quien me recomendó los libros de Martínez Bande me había asegurado que se trataba de un abogado militar que había tenido acceso a todo tipo de fuentes y archivos militares y había tratado dicha documentación con bastante profesionalidad e imparcialidad. Pero las primeras páginas del libro amenazaban con introducir otro trabajo más o menos literario, en el que se acumularan datos y noticias ya conocidas, pero desde un punto de vista partidista, aunque de signo contrario al que viene siendo habitual. Afortunadamente, dicha contrariedad se desvaneció enseguida y a medida que me adentraba en su lectura, esta se hacía más y más interesante.

Película de 1940 con guión de Edgar Neville y protagonizada por
Conchita Montes y Rafael Rivelles. Al final de la misma, mueren juntos
 un miliciano y un falangista en la Ciudad Universitaria lamentando los horrores de la guerra 
Un trabajo donde no hay buenos ni malos, vencedores o perdedores (pues todos fueron perdedores de algo), sino solo héroes, valientes, luchadores por uno u otro ideal, gente abrumada por el miedo o animada por la esperanza... es muy de agradecer. Un trabajo donde abundan las referencias a obras de los protagonistas de los hechos, ya sean políticos, militares o escritores; donde, a pesar de tratar día a día un breve espacio de tiempo, exponiendo en ocasiones minuto a minuto las evoluciones de los actores de cada bando, se consigue no abrumar al lector con la acumulación farragosa de datos... Un trabajo, en fin,  de semejantes características, curiosamente, no pierde un ápice de su amenidad y del necesario rigor gracias a la técnica empleada en su elaboración, a base de pequeños fragmentos con identidad y autonomía propias que nos llevan a uno y otro lado del frente casi sin darnos cuenta. Sin apelar al sentimentalismo, nos dibuja Martínez Bande el dolor y el sufrimiento de unos y otros, civiles y militares, hombres, mujeres y niños. En ocasiones se abandona a cierta descripción más literaria de lo que se espera de un historiador militar, pero esos devaneos son como un remanso de paz donde descansar de tamaño espanto.

También se llama Frente de Madrid la revista que edita GEFREMA, el Grupo de estudios del frente de Madrid, del que ya hablamos en este blog con ocasión de la visita que organizó por los restos de la guerra el el parque de Caramuel y las sacramentales. Poco a poco me voy haciendo con sus números en una librería especializada en temas de Madrid, en la calle Mayor. Recoge artículos relacionados con la guerra civil, centrándose en su desarrollo en el ámbito geográfico de la Comunidad de Madrid, aunque no se desdeñan algunos estudios de otras regiones (v. "El gefremero viajero"): inventario de restos, testimonios personales, comentarios bibliográficos, relatos de episodios concretos de la contienda o artículos como el de Jacinto Arévalo ("El pelotón, la sección y otras compañías", nº 19, mayo de 2011), de gran utilidad para los no iniciados (como yo)... Al igual que el libro de Martínez Bande, evita en lo posible tomar uno u otro partido, con lo que al lector que quiera ver apoyados sus prejuicios, no le aconsejamos esta publicación.

Llama la atención que la necesaria labor de reconciliación y de investigación esté en manos, no de instituciones universitarias y oficiales, que más que analizar y presentar los hechos con imparcialidad y espíritu crítico, se han dedicado a sembrar cizaña y despertar discordias extemporáneas, fuera de lugar, sino en las de grupos como GEFREMA, compuestos por aficionados que suplen los laureles de las cátedras y las canonjías ministeriales, con el tesón de las horas dedicadas al trabajo en los archivos y bibliotecas, más allá de sus ocupaciones laborales. Enhorabuena.


* Urbano Asarta Epenza. Auñamendi Eusko Entziklopedia (http://www.euskomedia.org/aunamendi/92894) : "Militar y publicista vasco, [José Manuel Martínez Bande] nació en Getxo (Bizkaia) el 7 de septiembre de 1907 y falleció en 2001.
Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Madrid. Miembro del cuerpo de Artillería, trabajó en el Servicio Histórico Militar del Estado Mayor Central del Ejército. Las citas a los documentos que conforman el archivo de dicho Servicio proliferan en las obras que escribió acerca de la Guerra Civil. De entre sus publicaciones destacan las siguientes:
  1. Historia de la Artillería, 1947
  2. Espejo de soldados, 1950
  3. La intervención comunista en la guerra de España, 1965
  4. La marcha sobre Madrid, 1968
  5. La lucha en torno a Madrid, 1968
  6. La guerra en el Norte, 1969
  7. La invasión de Aragón y el Desembarco en Mallorca. Monografía de la guerra, 1970
  8. Vizcaya. Monografía de la Guerra de España, 1971
  9. La ofensiva sobre Segovia y la Batalla de Brunete. Monografía de la Guerra, 1972
  10. El final del Frente Norte, 1972
  11. El frente de Madrid, 1976
  12. El final de la guerra civil, 1985
  13. La lucha por la Victoria, 1990-1991
  14. Los años críticos: República, conspiración y Alzamiento, 2007"

lunes, 21 de noviembre de 2011

19-20 de noviembre de 2011. Fin de semana castellano: Cedillo de la Torre y Maderuelo (Segovia); Castillejo de Robledo (Soria) y Aranda de Duero (Burgos)

Entrada (o salida, según se mire) a Cedillo de la Torre.
Un año más, llegamos demasiado tarde al otoño
El día no podía ser peor. Al cansancio de todos los viernes se sumaba una tarde desapacible de frío, lluvia y viento, y dos exámenes de Itziar el lunes. Pero la reserva ya estaba hecha y cualquiera le decía a Alejandro, todo ilusionado, que emplazábamos la celebración de nuestro catorce aniversario a cualquier otro fin de semana. !Inadmisible¡. Así que, armados de paciencia, cargamos "la furgo", envolvimos nuestros temores en una manta, y nos lanzamos por la carretera de Burgos, tuertos y con las escobillas del limpiaparabrisas algo perjudicadas, a un viajecito infernal de unos 140 kilómetros. Pasado Somosierra, el cielo pareció abrirse, dejando atrás la borrasca y los malos augurios.

Alejandro frente a la inmensidad de Castilla. A sus espaldas
la ermita de la Virgen de Castroboda y San Roque
Abandonando la N1 en Carabias, a los seis kilómetros nos encontramos con Cedillo de la Torre. De noche, un puñado de luces la oscuridad.




Torre de la iglesia de Cedillo, con lo que podría ser
una cámara del tesoro. El domingo pudimos subir las escaleras
del campanario, desde donde se aprecia una magnífica panorámica
de la comarca

De día, un pueblecito castellano, con un centenar de habitantes (censados, no reales) y la impresionante torre-campanario románica del siglo XII, con sus cinco cuerpos y más de veinte metros de altura. Situado en el noroeste de la provincia de Segovia, en un llano próximo al páramo, rodeado por tierras de labor y montes de caza, con sus chopos semidesnudos de resonancias machadianas, cuenta con dos "alojamientos rurales" y un solo bar. En la breve calle Real, uno en frente del otro, están la casa rural "El Museo" y el bar-restaurante del mismo nombre, propiedad ambos de Nieves y José. Nada más llegar, sin deshacer las maletas, nos prepararon una cena a base de sopa de cocido, cinta de lomo o salchichas frescas con patatas y un buen Ribera del Duero. Alquilamos dos de las siete habitaciones de que consta la casa, decorada con gusto y sencillez, cálida, muy bien acondicionada.

Ménsulas en el ábside de la iglesia de la Asunción en Castillejo de
Robledo (Soria).

El sábado, una vez desayunados, y con el tiempo de nuestra parte, nos fuimos a la ventura, allá donde nos llevara la intuición. Hasta el momento, los viajes poco o nada preparados nos han deparado sorpresas bastante gratificantes. Sin un plan preconcebido, pero con la seguridad de descubrir algo interesante, nos dirigimos hacia Campo de San Pedro, Valdevamés y llegamos a Maderuelo. Antes de entrar en el pueblo, nos encontramos con un templo enorme, la ermita de la Virgen de Castroboda y San Roque, y allá nos dirigimos. Una treintena de coches se estacionaban en sus inmediaciones.

Ermita de la Virgen de Castroboda y San Roque, extramuros de Maderuelo.
En un costado, el cementerio

Pensábamos que se estaba celebrando una boda o una romería. Aparcamos junto a la puerta y vimos que ni boda, ni romería: se trataba de un entierro en el camposanto contiguo a la iglesia. Aguardamos a que quedara un poco despejado y pasamos a echar un vistazo. Pocas lápidas cubriendo los enterramientos, solo reconocibles por las blancas e iguales cruces de mármol y los montículos que encabezaban. La tierra removida, en algunos casos parecía un huertecillo donde los familiares se habían entretenido cercándolo con una pequeña valla de plástico verde, sembrado de flores y arbustos formando setos diminutos. "Enterrados bajo la tierra", dirá Carmen. Sara y Alejandro pasaban por encima de esas pequeñas elevaciones, desoyendo nuestras órdenes. En un momento dado, una mujer cogió una flor marchita de uno de los túmulos, escogido previamente, y se la acercó a la niña. Poco después otra mujer, viendo la cara que poníamos ante la manifiesta desobediencia de los críos, nos tranquilizó: "Cuando hace calor, no pasa nada porque pisen; pero ahora, con la lluvia, está muy blanda la tierra y se puede hundir"
Uno de tantos buitres que sobrevolaban el cielo de Maderuelo

Maderuelo es un pueblo como de exposición, al estilo de Pedraza: calles impias, casas blasonadas, restaurantes y alojamientos de recuerdos templarios, vistas alucinantes sobre el embalse de Linares, con su Puente Viejo sumergido bajo las aguas del Riaza, la ermita de la Vera Cruz (siglo XII), la iglesia de Santa María del Castillo (siglo XIII), con su joven noble momificada...

Restos del castillo templario de Castillejo de Robledo (Soria)
Salimos de Maderuelo bordeando el Parque Natural de las Hoces del Riaza y nos dio la hora de comer en Castillejo de Robledo, ya en la provincia de Soria. En uno de sus dos únicos restaurantes, también alojamiento rural, nos facilitan información sobre el pueblo y sus atractivos, que son, básicamente, tres: la iglesia de la Asunción y el castillo que corona el pueblo, y el hecho histórico de la afrenta de Corpes que tuvo como escenario un bosque de los alrededores del pueblo.


Sara haciendo de las suyas. Al fondo, Alejandro con alguna
de sus reivindicaciones

Al igual que nos sucedió en Maderuelo, tuvimos que localizar a un vecino que nos abriera la puerta de la iglesia para poder ver los restos de pintura del interior, el dragón que se extiende a todo lo largo del arco que separa la nave del ábside, el propio ábside y, lo más curioso: los fragmentos de un fresco que representa el maltrato que padecieron Doña Elvira y Doña Sol, las hijas del Cid, de manos de sus flamantes esposos, los condes del Carrión. En el exterior del ábside, varias ménsulas representan escenas eróticas. Este último detalle le llamaba especialmente la atención a nuestro improvisado guía, que insistía en asegurar que las hijas del Cid, además de brutalmente violadas, fueron asesinadas y abandonadas en el bosque.

Vista desde Maderuelo del Puente Nuevo sobre el Riaza, en el embalse de Linares.
En un recodo, se puede ver la ermita de la Vera Cruz

Ya anochecido, y con bastante frío, emprendimos el camino hacia Aranda de Duero (Burgos), adonde llegamos con los pequeños cansados y en plena rebeldía.


Pórtico de la iglesia de Santa María, en Aranda de Duero.

Cruzando el pequeño puente medieval sobre el río Bañuelos, que desemboca en el Duero unos metros más abajo, subimos una cuesta hasta la iglesia de San Juan, hoy Museo Sacro, y tuvimos la suerte de poder visitar el interior del la iglesia de Santa María, con su espectacular portada de gótica isabelina de Simón de Colonia. Con un vino finalizamos esta brevísima visita, prometiendo en un futuro dedicarle más tiempo.

Salón de la casa rural "El Museo", en Cedillo de la Torre
Los frentes que no habían podido superar el viernes la barrera de Somosierra, cobraron fuerza el domingo por la mañana, amenazando con descargar sin piedad. Nos quedaba por visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y su museo, que amablemente nos enseñó Valentina, una vecina del pueblo, a la que, literalmente, raptamos de su casa. Entre otras cosas, conserva la iglesia una talla románica de San Juan, que se encontraba en una ermita dedicada al Santo en las proximidades del pueblo.



En el museo, donde se acumula bastante material relativo a las tradiciones populares, cabe destacar, entre otras cosas, varias vigas que formaban parte del artesonado de la iglesia que, hundido en su momento, fueron reutilizadas en la Capilla Real del Alcázar de Segovia.



Hasta aquí, nuestro fin de semana de aniversario. Poco tiempo, muchas cosas que ver y una sensación como de abandono, pero al mismo tiempo de esperanza, transmitida por esos pueblos que procuran conservar un patrimonio único por si solos, formando comisiones entre los propios vecinos que, con muy poco dinero, consiguen poner en pie, por ejemplo, el Museo de Cedillo de la Torre, con sacerdotes que dan servicio a 10 o 12 parroquias, un comercio casi inexistente y unas autoridades que escatiman cualquier tipo de ayuda.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Todo bajo control? No hay problema: Merkel y Sarkozy se encargan

Contaba mi madre que, durante la guerra, una vecina
le decía a mi abuela: "Dª Obdulia, cuando acabe la guerra, los que quedemos..."
!Puro optimismo¡
Todas las mañanas, mientras intento reconciliarme con el nuevo día, me las tengo que ver con la pareja feliz de Merkel y Sarkozy. Son todo un clásico, la locomotora de Europa que intenta, inútilmente, arrastrar una veintena de vagones cansinos y con los ejes oxidados. Resulta entrañable su porfía, su mágico recetario y sus consejos llenos de sentido común. De vez en cuando, ayer mismo, por ejemplo, su protagonismo se ve eclipsado por el estrellato decadente de Chaves, que a una pregunta capciosa de la entrevistadora de turno, respondía, de forma huidiza, que bueno, que quizá los mercados estaban mediatizando en exceso la gestión de los gobiernos, que sí, pero que no tanto, que no se les debería permitir tantos abusos, que era difícil regularizarlos y bla bla bla... Entre la alemana, el francés y el andaluz, me quedo con el nuestro, puro patrotismo tal vez, pero no me digáis que la empanada mental de su discurso resume y sintetiza el estado de nuestro tiempo.

Yo tengo una teoría, seguramente no soy su dueño, pero creo que ayuda a aclarar un poco tanto desafuero. Es muy sencilla: el mercado, por su espontaneidad esencial, solo permite que se practique la intervención estatal (nuestros políticos, ese bien social del que tan orgullosos deberíamos sentirnos, lo denominan, cariñosamente: regularización) cuando se producen sobrados excedentes. "Quédate con lo que sobra, parece decir a los gobiernos, que yo sigo mi camino". Los saqueadores, entonces, parecen pasar desapercibidos, no notamos su pesada presencia. Pero... ¿y si no sobra nada? Hay momentos en la vida que se producen reajustescrisis, transformaciones. Lo queramos o no, la economía es un ente vivo, con sus propias leyes (el mercado) y también padece sus trastornos fisiológicos. En un estado de salud, el enfermo recupera la normalidad sin mayor cuidado. Pero cuando el saqueador interviene, lo fisiológico deviene en patológico, y la situación se complica enormemente.  


El Presbítero Sardá se desmayaría de la emoción
al contemplar las andanadas que, aún hoy, (sobre todo: hoy) se lanzan
contra ese pecado capital. A ver si me hago con él

A veces parece que no lo entendemos. Entonces ponemos el grito en el cielo, exigimos que alguien haga algo, protestamos por la huida de cerebros y la inoperancia de nuestros gestores. Recuerdo los momentos finales de La rebelión de Atlas, cuando Mr. Thompson y sus secuaces exigían a John Galt, bajo amenzas de tortura física, que hiciera algo, que, a cambio de un cheque en blanco, se erigiera en dictador económico con el convencimiento de que, de este modo, América podría salir del abismo al que le habían precipitado las políticas intervencionistas.

A veces pienso si, efectivamente, los que nos
consideramos liberales o meros compañeros de viaje
 no estaremos rozando un poco
la locura
Ahora, parece que el tándem Merkel-Sarkozy incorpora el papel que  John Galt rechazó en esta vieja Europa que empieza a resquebrajarse, irónicamente, por donde nació: Grecia. Y uno de los paises que más tarde se incorporó, como Estado, a esta Europa calamitosa; uno de los países que, en su faceta macarra (1ª y 2ª Guerra Mundial) trajo más destrucción y muerte a este nuestro solar asolado (y, también, despertó más admiración y envidia entre nuestros intelectuales, no lo olvidemos nunca); esta Alemania a la que todos tuvimos que ayudar, y ayudamos, a llevar a buen puerto su reunificación, posee la clave del éxito, el bálsamo de Fierabrás y la solución a todos y cada uno de nuestros problemas.

En fin... Entre Merkel y Sarkozy, me quedo con Angelina Jolie y Brad Pitt. O, en su defecto, Carla Bruni.



jueves, 3 de noviembre de 2011

Consideraciones sobre la "Memoria Histórica"


"El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. Dante diría per il lago del cor" (José Ortega y Gasset: El espectador, II, "Azorín: primores de lo vulgar")

Eludir cualquier intento de trascendencia; abandonarse a la cómoda inconsciencia para evitar plantearse cuestiones dolorosas; huir de la objetividad, de la realidad, del análisis y la reflexión para perderse en el intrincado bosque de las sensaciones que solo proporcionan espejismos... son actitudes perfectamente comprensibles, por humanas, pero chocan con la lógica y la razón, a las cuales el hombre nunca debería renunciar.

Venimos asistiendo durante bastantes años, pero con mayor fuerza, proyección y efecto mediático desde mediados de los 90, cuando se comenzó a albergar la sospecha vehemente de que las urnas podrían desalojar al PSOE del poder, a un proceso complejo y magistralmente programado de reconstrucción de la historia conocido como Memoria histórica. Auspiciada por organismos públicos a escala nacional, autonómica, provincial y local ha provocado una enorme polémica en pro y en contra, aunque se echa en falta un análisis de conjunto del fenómeno.

Ahora, solo quiero dedicarle unas lineas, sin perjuicio de ahondar un poco más en el futuro.

Memorare. Oración de intercesión a la Santísima Virgen. La versión común dice: "Acordaos [memorare], oh, piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección implorando tu auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de la vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén."

El mero enunciado de la cuestión, encierra una contradicción insalvable, puesto que memoria y recuerdo, términos que en su etimología están vinculados a lo sentimental y subjetivo, y cuyo campo de acción no debería sobrevolar la poesía, casan mal con la historia, ámbito donde tiene que primar el análisis objetivo de los hechos y el frío contraste de los testimonios. Pero a medida que se abandonan los principios objetivos que han de guiar la convivencia, gana terreno lo emocional, donde tienen su asiento la confusión y la distorsión. Como en la oracíón a la Virgen, practicar la memoria (histórica) es un ensalmo, obra maravillas, además de avivar las conciencias e identificar (y destruir) a los responsables de nuestras miserias.

Contradicción, taumaturgia..., y proceso de proyección en virtud del cual los auténticos descendientes ideológicos de uno de los bandos, con el que comparten (o han compartido hasta ayer) siglas, himnos, símbolos, objetivos, héroes y mártires arrojan sobre el enemigo (ya no adversario) político una declaración de herederos del vencedor que jamás han reclamado.

La guerra es la guerra

Un extremo del asunto queda meridianamente claro: la no aceptación del resultado final de un enfrentamiento. Esto denota cierto grado de inmadurez y de infantilismo por parte, no de aquellos que protagonizaron los hechos, sino de sus nietos. Me explico.

La guerra es el último recurso del que hay que echar mano cuando todos los demás han demostrado su inutilidad en la resolución de un conflicto. Parece evidente que los momentos que atravesaba España en los años 30 no daba pie a una solución alternativa, ya que las vías liberales de convivencia y de entendimiento no se querían transitar, y resultaba más atractivo (y moderno) abandonarse a las prácticas totalitarias de uno u otro signo. ¿Quién empezó la guerra? Poco importa cuando ambos parecían anhelarla, ya que se había llegado a tal grado de encanallamiento que resultaba insufrible la mera existencia física de quien defendiera postulados políticos diferentes.

Aquellos que participaron activamente en la guerra debían aceptar las reglas del juego y el órdago que supone una contienda entre hermanos, saber que no hay vuelta atrás, que no valen enmiendas cuando te lías a garrotazos con el vecino. Y creo que así fue, que una vez finalizada la guerra, la gran mayoría de los vencidos que permanecieron en España asumió, de grado o por fuerza, su derrota, con todo el sufrimiento y el dolor que acarrea, porque la guerra es la guerra y, si la pierdes, sabes a lo que te expones.

No hubo clemencia ni ley

En el mus y en el tute se puede dar la revancha al terminar una partida. La revancha de una guerra es ampliar, alargar la inicial con su cohorte de destrucción, hambre, miseria y muerte. Exigir legalidad y trato justo no deja de ser palabrería bienintencionada aunque un tanto hipócrita, porque el vencedor siempre aplicará su legalidad y su justicia, no muy distinta de la que hubieran aplicado los contrarios de haber ganado la partida. Y, no debemos olvidarlo nunca, ninguno de los bandos en liza se podía caracterizar de demócrata y amante de las libertades, tal como lo entendemos hoy en día, pues es el marco en el que vivimos y gracias al cual hemos alcanzado cierto nivel de desarrollo.

Y hablar de número de persequidos, encarcelados, represaliados y fusilados no deja de ser una maniobra para eludir el meollo de la cuestión: se trataba de una guerra, no de un juego de niños. Aunque esa maniobra tan cómoda tiene un punto de perversa cuando se pone a la misma altura, en la categoría de las víctimas, a auténticos inocentes (cuya desaparición es justo y necesario denunciar) y a asesinos y psicópatas por todos conocidos.

Quiero dejar claras estas premisas:

1. Estamos hablando de una guerra civil, no de un certamen floral, aunque el gobierno republicano, usando todo tipo de tácticas bélicas, no declarara la guerra hasta casi el final de la misma.
2. Ninguno de los bandos contendientes representaba o defendía un estado de derecho; más bien perseguía una forma autoritaria de gobierno
3. De lo que se deduce que tomar partido por uno u otro equivale a abrazar una ideología totalitaria e inaceptable hoy en día, y supone hacer política con un pasado que no hace más que reabrir heridas en quienes directamente lo padecieron y optaron por el olvido y la asunción de las miserias propias y ajenas para seguir viviendo. Para eso sí vale la memoria, puro mecanismo de defensa: para suavizar el sufrimiento.
4. Como conclusión: el único régimen político aceptable desde principios del siglo XIX, en la mente obnubilada de estos memorialistas, quitando el breve e igualmente convulso Trienio Liberal, sería el representado por la II República. Y cuando claman por la instauración de la Tercera, no piensan más que en resucitar aquella, como si no hubiera solución de continuidad.

Algunos ejemplos



La memoria histórica, al apelar al sentimiento y a la emoción, se nutre de imágenes fuertes, sensibles e impactantes. Entre otras, recurren de ordinario a las fosas comunes y a los campos de concentración (los más audaces, hablan de auténtcos campos de exterminio).

En cuanto a las primeras, la vocación de topo de estos colectivos les ha llevado en muchas ocasiones a desenterrar restos humanos que, ni de lejos, se correspondían con lo que ellos esperaban hallar. Se pudo dar el caso, seguramente, de paseos posteriores al fin de la guerra, pero la legalidad que confería al vencedor el mero hecho de ganar una guerra, dudo mucho que hiciera necesario el recurso masivo a ese expediente. En caso de ser cierta la multiplicación de estos asesinatos indiscriminados, ¿se podría achacar a una falta de control de las autoridades, como, dicen, sucedía en la retaguardia republicana con la represión espontánea a manos del pueblo?. Con publicar en el Boletín Oficial del Estado la lista de desafectos y fusilarlos a continuación tras juicio sumarísimo, se conseguía un doble objetivo: imponer la paz del vencedor e infundir el suficiente terror entre los tibios.

Si hablamos de los campos de concentración, campos de exterminio, tres cuartos de lo mismo: de instituciones penales de corta vida (no debieron durar más de dos o tres años, como media), donde se recluía a decenas de miles de soldados (todo el ejército popular que no pudo - o no quiso - huir) y se distribuían a otros centros según el grado de responsabilidad establecido por la justicia vencedora, han pasado a ser laboratorios donde se practicaban las técnicas de eliminación física que tanto éxito tendrían años después en Treblinka o Dachau. Da igual que sea verdad o mentira. Se ha repetido por activa y por pasiva. ¿Les parece poco triste que el hacinamiento, las enfermedades y el hambre produjeran una mortalidad elevada en esos campos? ¿Hay que recurrir a la mixtificación y al morbo para infundir más sufrimiento al lector-espectador, que ya es consciente de que muchos de los que de allí salían serían fusilados y el resto tuvo que sufrir penalidades?

Lo cierto es que la memoria histórica ha resultado ser un arma arrojadiza de primer orden en cualquier debate político y ha enmarañado de tal manera los estudios de historia española contemporánea, que lo que comenzó siendo una de tantas técnicas de agit-prop típicas de la izquierda, se ha convertido en un handicap que lastra cualquier aproximación a la historia más reciente.

Post scriptum. Hoy mismo, leo en el blog de Manuel Barragán Lancharro que el grupo socialista en el Ayuntamiento de Castuera le ha lanzado unas duras andanadas por las Jornadas celebradas en la localidad el 17 de septiembre y en su momento comentadas aquí mismo, mostrando bien a las claras el alcance y la finalidad de la memoria histórica.