martes, 5 de junio de 2012

Tiempo de héroes. Aluche, 2 de marzo de 1989


Pasadas las doce y media de la mañana del jueves 2 de marzo de 1989, los capitanes Alfredo Vidal Montero, de 33 años, y Ramón Garrido de la Parra, de 30, acompañados del subteniente mecánico José Rodríguez Montero, de 50 años de edad, embarcaron en el helicóptero Puma Aeroespatile SA-330, del 402 Escuadrón del Ejército del Aire, en el aeródromo militar de Cuatro Vientos, para realizar un rutinario vuelo de instrucción.




Croquis publicado el 3 de marzo en el ABC



Se dirigieron hacia el norte, sobrevolando los barrios del distrito de Latina, como San Ignacio de Loyola, Las Águilas o Parque Europa, dejando a babor el extenso Polideportivo de Aluche y el desmonte que, por aquellos años, separaría dicha zona recreativa de la Avenida de los Poblados.




"La Vanguardia" también se hizo eco del trágico accidente



Al cabo de pocos minutos detectaron que algo no funcionaba como debería en la máquina, y comenzaron a perder el control de la misma. Se aproximaban al trazado del suburbano, donde el conductor de un convoy que acababa de abandonar la estación de Empalme en dirección a la de Aluche, viendo las extrañas evoluciones de la nave sobre sus cabezas, decidió detener el tren. Cundió el pánico entre los pasajeros del metro, que se agolparon en las puertas de los vagones intentando huir, así como entre los alumnos del colegio y del instituto, al ver cómo se precipitaba sobre ellos el helicóptero envuelto en humo, en llamas y acompañado de un ruido infernal. Los tripulantes del Puma Aeroespatile eran conscientes de que no podían regresar a la base y tampoco tenían el espacio suficiente para tomar tierra. El helicóptero se abalanzaba sin remedio sobre las vías y la vaguada que separa el metro del colegio La Latina y el instituto Blas de Otero. Todo parecía indicar que iba a estrellarse contra este último, cuando consiguió remontar el vuelo y, en pleno ascenso, se produjo la primera explosión, que provocó el desprendimiento de una parte del fuselaje, que fue a caer sobre el tejado del instituto. Viró a estribor, casi rozando el alto edificio de viviendas contiguo al Blas de Otero, como si intentara alejarse de un área tan densamente poblada, realizando una maniobra evasiva, y tuvo lugar la segunda y definitiva explosión, que destrozó por completo la aeronave, esparciendo los restos varios cientos de metros a la redonda, aunque el grueso se concentró en la verja del colegio.




ABC, 3 de marzo de 1989

José Rodríguez Montero, de 50 años, Ramón Garrido de la Parra, de 30 y Alfredo Vidal Montero fallecieron en el acto, no sin antes, según recoge "La Vanguardia", hacer señas a los niños que estaban en el patio para que despejaran la zona. Fueron las únicas víctimas.


Hoy, 23 años después, ¿quién se acuerda de ellos? Ni un homenaje, ni una triste estela en el patio del colegio, o un pequeño monumento en su honor en los alrededores… Sólo el silencio y, lo que es peor, la culpabilidad mal disimulada que los periodistas, políticos y asociaciones vertían sobre todo el ejército. Aunque admitían y aplaudían la pericia de los fallecidos, se lamentaban de que todavía volaran esos aparatos sobre barrios tan densamente poblados como el nuestro, poniendo en peligro la seguridad de tantas vidas, sin saber que ese helicóptero tenía como misiones el servicio de búsqueda y salvamento (SAR) y el transporte de órganos destinados a trasplantes.




ABC, 3 de marzo de 1989



Pero eran militares. Dicen que, a la hora del accidente, la una del mediodía, se encontraban, entre el colegio y el instituto, en el patio y el comedor, unos mil críos, desde preescolar hasta C.O.U. En los alrededores, más de trescientas viviendas y un centro comercial en plena hora punta, sin contar con los pasajeros que viajaban en la, entonces, L-10 de metro, entre Aluche y Empalme. La tragedia, de no haber mediado la sangre fría de José Rodríguez Moreno, Ramón Garrido de la Parra y Alfredo Vidal Montero, habría alcanzado unas dimensiones dantescas de tal calibre, que los muertos se contarían por centenares.


Al tratarse de militares, y como todos se debían a su fama, protestó enérgicamente la Asociación de Vecinos de Aluche, exigiendo “responsabilidades a quien corresponda”, siguiendo la estela de unas declaraciones similares emitidas por algún miembro de Izquierda Unida.



ABC, 3 de marzo de marzo de 1989.
Acera de los impares de la C/ Maqueda. Frente al instituto
Blas de Otero, restos del helicóptero


La capilla ardiente fue instalada en una sala del Hospital del Aire, y aparte de familiares, amigos y compañeros de los fallecidos, solo pudieron acceder a la misma un grupo de alumnos del Instituto Blas de Otero que, agradecidos, depositaron sobre los ataúdes sendas coronas de flores y alabaron la valentía de esos hombres que sacrificaron sus vidas por salvar las de muchos otros.

En un mundo tan ayuno de heroismos, no estaría de más dedicarles, al menos, un recuerdo a estos tres hombres. D. e. p.

6 comentarios:

Marina Escobar dijo...

Lamentablemete, los españoles no destacamos por honrar a aquellos que dieron su vida por otros. Al contrario, lo habitual son los comentarios como lo s de IU...la culpa..del ejército...¿Para qué hace falta un ejército en tiempos de paz? La demagogia lo inunda todo, en la izquierda, más..

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con el articulo. Por cierto, era vecino de aquella zona (Las Aguilas) y nunca he olvidado lo que estos hombres evitaron. D.E.P.

Raúl dijo...

Yo también soy vecino del barrio de toda la vida.

Vuelos militares desde Cuatro Vientos salen todos los días sobre, como tú bien dices, colegios, institutos, el metro, edificios de viviendas... ¿Todavía te extraña que haya gente que se queje de ello?

Actividades que entrañan un riesgo tan grande, ¿no deberían hacerse en otra zona sin riesgo para las personas? Ya puestos a hacerlos sobre la ciudadanía, ¿por qué no sobrevolar de esta forma La Moraleja o Somosaguas?

Por otro lado, en la capilla ardiente ya les hicieron honores a los tres tripulantes. El resto, su supuesta "pericia" o "valentía" es algo que si quieres te lo crees, o si quieres no. Aparte de la opinión sin contrastar de un par de periodistas que firmaron sendos artículos, no hay ningún hecho objetivo que dé credibilidad a esa hipótesis.

apotheka dijo...

Yo era uno de los alumnos que estaba en ese momento en el patio.Tenía 17 años , estaba en COUy no se me olvidará ese momento mientrá viva. Pasamos mucho miedo, pero mas q nosotros fueron los profesores los que pasaron miedo porque ellos se dieron cuenta enseguida de lo que pasaba y de lo que podría ocurrir.Ellos también fueron unos heroes al igual que estos militares ya que se lanzaron al patio corriendo a rescatar a cualquier alumno y ponernos a salvo.

Ángel dijo...

¡Vaya película que te montas chaval! Soy vecino del edificio colindante con el colegio ( maquead 124). En la terraza de mi casa cayo un trozo del helicoptero , esto es, que hablo como testigo directo de lo que paso porque además vi caer el aparato porque yo trabajaba en la delegación de hacienda de maquead 30 como vigilante. Ningún resto se esparció "cientos de metros" porque no hay mas de cincuenta entre el colegio y mi edificio. Ningún convoy de metro paro y, por supuesto nadie se agolpo en las puertas de ningún vagón entre otras cosas porque la gente en los vagones en metro no va mirando al cielo, y ningún niño salió corriendo del patio porque eran horas lectivas y estaban en clase. Tampoco ningún tripulante del helicoptero hizo señas para que se apartara la gente . Los pobres desgraciados buscaban simplemente un sitio donde aterrizar y salvar sus vidas. En esos momentos vieron el patio del colegio como única salida para salvarse puesto que era la única explanada que había en muchos cientos de metros a la redonda . Querido blog útero, dedícate a las novelas del oeste haber si tienes suerte porque como reportero no vales ni para La Razón

Anónimo dijo...

Raúl si tanto molestan los vuelos...no haberos comprado una vivienda junto a un aeródromo, el cual lleva allí desde mucho antes que los barrios indicados.Es muy bonito comprarse la casa alli poque es más barata y luego protestar poque no me gusta tener el aerodromo al lado.