viernes, 13 de julio de 2012

Juan Casco Solís a través de Arthur Machen y la crisis

 
En agosto de 1914, unos ángeles del cielo impidieron que el ejército
alemán invadiera Inglaterra. Curioso


El mes de julio transcurre con lentitud y parsimonia. Parece que no quiere terminar sus días, que nadie ose arrancar su hoja del calendario. Y se aferra a esa falsa esperanza de eternidad que le proporciona el continuo fluir de acontecimientos que devoramos como boas constrictor incapaces de entender, y mucho menos digerir. Y las tardes cansinas y pesadas como una noche de camino, en las que se quiebra la voluntad golpeada por la pereza y el sopor, se alargan con la luz de un sol inclemente y cruel que no cesa, empeñado en aplastarnos e inmovilizarnos contra el suelo.

  
Consciente de los compromisos que debo cumplir, de los planes y proyectos que yo mismo me he marcado, mientras el reloj imperturbable sigue su curso, me vence la parálisis y atiendo exclusivamente las necesidades más inmediatas.


 La actualidad nos envenena y la crisis, como una amenazadora nube gris que oculta el horizonte, distorsiona un futuro que solo podemos adivinar como un dramático muestrario de renuncias y penalidades. A la espera del milagro que no llega, discurre nuestra vida en una constante expectación muy receptiva a las promesas de lo irracional y a las delicias de los cantos de sirena que estrellarán sin remedio nuestra nave contra las rocas.



Últimamente me acuerdo mucho de Juan Casco Solís y de las charlas que mantenemos en los descansos de nuestras respectivas ocupaciones. Mi trabajo me ha brindado la oportunidad de conocer a gente interesante, personas que tienen mucho que ofrecer y cuya conversación es un auténtico regalo. Después de un par de meses de silencio, el otro día hablamos por teléfono. Abrumado por el “turismo de los pobres”, como él llama a las continuas visitas al hospital que se ven obligados a girar los enfermos crónicos, entre pruebas, análisis y revisiones sin fin, se puso en contacto conmigo como en tantas otras ocasiones en que espacia sus trabajos en la biblioteca más de lo acostumbrado. Invariablemente, cuando descuelgo el auricular después de una de estas ausencias prolongadas, noto en su voz ese matiz en el que se mezcla un temor recién despejado y el alivio consiguiente. Temor de que no sea yo el que conteste y alivio disimulado con el desmesurado interés sobre mi estado y mis cosas.

Una institución psiquiátrica

Psiquiatra jubilado, se está dedicando estos años a reconstruir el tortuoso camino seguido por la psiquiatría española en su formación como disciplina independiente y autónoma. Consulta de manera exhaustiva prensa especializada, tratados y folletos del siglo XIX sobre la materia, con la tranquilidad que otorga trabajar por amor al arte, sin prisas, deteniéndose con auténtico deleite el tiempo que haga falta en la lectura de aquellos asuntos que, lejos de su objetivo inicial, despierten su interés. Amor al arte o laborterapia, usando otra de sus expresiones, con que ocupar la peligrosa inactividad en la pueden y suelen caer los viejos.

Relato de Machen que dio lugar a la
leyenda de los Ángeles de Mons. ¿Seguro?

 No consigo poner en pie aquella vez que empezamos a intercambiar algo más que los saludos de rigor. Pero lo cierto es que no tardamos en conectar. Entre lectura y lectura hablamos de todo un poco: me comenta lo que acaba de leer identificando siempre un nexo de unión entre el pasado y el presente, o relacionándolo con algo de la actualidad, o sea, la crisis, esta crisis que él califica como posmoderna por los desconocidos derroteros que está siguiendo.

Y si no puedo ubicar ese primer recuerdo, me sucede lo mismo con el motivo que ha inspirado estas líneas, ya demoradas en exceso. El caso es que varios asuntos me han llevado a la persona de Juan, convertido así en el punto de convergencia de numerosos caminos.
Por un lado, un proyecto en el que nos hemos embarcado relacionado con las topografías médicas, curiosas e interesantes publicaciones a las que dedicó uno de los dos únicos trabajos de calidad existentes hasta el día de hoy, centrados en su sistematización, y en cuyo catálogo o inventario anexo aparece la que escribiera su padre: Geobiografía e historia de Quintana de la Serena (Prensa Española, 1961). Más casualidades o coincidencias, pues esto es como coger una cereza y arrastrar dos o tres enredadas por los rabos. A Juan Casco Arias, su padre, que ejercía de médico en Quintana de la Serena (Badajoz) le entrevistó Ángel María de Lera que, ya con el Premio Planeta en el bolsillo, estaba realizando una serie de entrevistas a médicos rurales. Cuando me lo dijo Juan, yo acababa de leer Las últimas banderas (1967) y tanto me había impresionado que estaba preparando un comentario, resumen o reseña de la novela.

Paisajes después de la batalla (o de la crisis)

Por otro lado, la irracionalidad a la que hice mención más arriba. Y esta confusión, este no saber qué dio pie a la conversación sí que me molesta, pues solo conservo el regusto agradable del momento, pero no sus detalles. En dicha ocasión, no sé muy bien a raíz de qué acontecimiento, pero que debió ser lo suficientemente sonado, hablando sobre las alucinaciones e histerias colectivas, las leyendas urbanas o la imperiosa necesidad de creer en algo a pies juntillas aunque no se sostenga bajo ningún concepto, Juan sacó a relucir el caso de los Ángeles de Mons, ese ejército celestial que, presuntamente, se interpuso entre las tropas alemanas y las inglesas la noche del 22 al 23 de agosto de 1914 impidiendo la invasión de las islas británicas por los teutones. Mencionó a Arthur Machen, el novelista que popularizó el montaje en su relato The Bowmen (“Los arqueros”) publicado un mes después de la batalla, el 24 de septiembre, en The Evening News, aunque no está muy claro qué fue primero, la gallina o el huevo, la leyenda o su narración. A los pocos días me regaló Juan un librito del propio A. Machen, El terror, escrito y ambientado igualmente durante la Gran Guerra.



A lo que iba. En dicho relato se describe un ambiente muy similar, salvando las distancias, al que vivimos hoy en día. Se intuye que algo malo, muy malo va a ocurrir, pero no se sabe muy bien qué es, aunque se sospecha su enorme y terrible dimensión. Una angustiosa calma que precede a la tempestad. Y tenemos experiencia de lo calamitosas que resultan en España esas tormentas de julio.
Ya falta menos para que llegue el mes de septiembre y volvamos a vernos para retomar esas charlas interrumpidas sobre la psiquiatría española durante la guerra civil, la sanidad en el siglo XIX o por qué extraños vericuetos llegaron los libros propiedad de Jaime Vera a la biblioteca.

5 comentarios:

carmensabes dijo...

Estimado Nacho,

las leyendas urbanas ayudan al hombre a sobrellevar horrores al querer interpretar un desenlace como consecuencia directa de la intervención divina.

Hermosas palabras y profundas reflexiones que descubro en tu blog, continúo paseando por aquí para empaparme de tu meditada reflexión sobre el mundo.

Un saludo.

elena clásica dijo...

Querido Nacho:

nos presentas a Juan Casco Solís, una persona maravillosa con unos estudios fascinantes que unen el ensayo a la psiquiatría y además un gran amante de la literatura, entregado a la narración nada menos que de Arthur Machen, cuyo estilo posromántico, decadentista, cuasi siniestro, tocando lo místico y lo sobrenatural me enloquece. Un ambiente en el que sabe sumergirnos tan bien como Poe o E.T.A. Hoffmann. Los amantes de Lovecraft, si bien, este con un toque seguramente más cercano a lo fantástico encuentran una fuente visible de su estilo en Machen.

Admirada por las investigaciones que ambos lleváis a cabo, encuentro bibliografía en la red sobre las influencias de Freud y el psicoanálisis en la medicina española.

A mí me gustaría asistir como una de esas figuras extrañas de la literatura gótica a vuestras conversaciones, como si fuera el alma de una armadura que rellena su oquedad con ojos que brillan en la oscuridad.

Y es que el tono que empleas, el ambiente en el que nos sumerges con tu apunte, Nacho, me hace pensar como creía Machen en que más allá de la realidad visible se deja sentir, intuir un aura especial.

Y es que Machen embelesado por los misterios esotéricos perteneció incluso a la "Orden esotérica Golden Dawn" de la que parece ser que fue expulsado Aleister Crowley, el mago negro.

Como dice uno de los personajes de "Sostiene Pereira" del maestro Tabucchi, la filosofía busca el sentido de la vida sin encontrarlo, mientras que la literatura sin proponérselo lo encuentra.

Ciertamente este sentimiento hacia la literatura se palpa en esta entrada. En ella además de aprender sobre historia, textos y autores, conocemos a personas de carne y hueso que aman el estudio sobre el ser humano y que regalan esos momentos únicos de la vida en los que una conversación te trasporta hasta el cielo.

Mientras, acechan sombras, seres carentes de escrúpulos que parecen salidos de "El terror" de Machen. El Mal, se configura como un ente, sin realidad material, que sin embargo, se deja notar y va creando un clima creciente de su velada amenaza.

Una calma que ensordece los oídos y el corazón con un intangible grito desgarrado.

Nos despeñamos hacia un abismo cuyo fondo seguramente hemos contemplado en alguna pintura o fotografía, en algún grabado, quizás no queremos recordar dónde ni cuándo, pero que estamos seguros de que no es nuevo.

He aquí un poema de Wislawa Szymborska, cuyos versos arañan los sentidos:

"Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes."

Qué belleza de entrada. Gracias Nacho y mi reconocimiento.
Un fuerte abrazo para todos.

Nacho Díaz-Delgado dijo...

Buenas tardes Carmensabes y bienvenida a este blog. Muchas gracias por tu comentario y aliento. Espero que te guste alguna de las cosillas que "perpetro". Un abrazo

Nacho Díaz-Delgado dijo...

Muchas gracias, Elena. Como siempre, tus análisis valen más que lo comentado. El poema que has traído de Szymborska es genial, despcriptivo y grande en su sencillez. Un beso y muy feliz verano. Seguiremos en contacto

Anónimo dijo...

Juan Casco Solis, simplemente, el mejor.