jueves, 25 de abril de 2013

El barco que se hundió en Aluche

El Centro Cultural "Fernando de los Ríos" me recuerda a un imponente catamarán
 
 
Dormimos por vez primera en el piso recién adquirido una calurosa noche de julio de 2007. Cuando empezamos a sentir los vagones del Metro renqueando por las vías con su inconfundible sonido metálico y chirriante, se nos cayeron los palos del sombrajo: !de modo que habíamos cambiado, como vecinos ruidosos, la Carretera de Boadilla del Monte por la Línea 5 del Metro de Madrid¡. Aunque la emoción del estreno amortiguara el impacto inicial, y ahora lo recordemos bromeando, bien es cierto que asumimos enseguida esa pequeña contrariedad, pues la única parte de la casa que asomaba al Metro, que, nunca mejor dicho, estaba en primera línea de la línea verde (como le llaman los castizos), era la cocina y el lavadero. Tan acostumbrados estamos ya a su compañía que se le echa de menos durante las jornadas de huelga, parece que nos falta algo. “Ha debido ser un éxito esta vez, porque llevo más de media hora sin oír los trenes”, pensamos en voz alta.
 
A todo se hace uno. Amueblamos nuestro paisaje con una serie de complementos que hacen la vida más llevadera o, al menos, así lo creemos. Si no circulan los autobuses o los trenes, además del trastorno evidente, nos sumimos en una auténtica cojera emocional. El hecho de que nos arrebaten los servicios de que hacemos uso con frecuencia, aparte de la lógica indignación inherente a la conciencia de haber sufrido un atraco, nos provoca tal marasmo que, entre la sorpresa y la estupefacción, tardamos un tiempo precioso en reaccionar…
 
 
El CAD de Aluche comparte el solar que ocupa el centro cultural
 

Es el momento de duración indefinida de la sorpresa, cuando se nos pinta en la cara ese gesto característico de estupefacción, el mismo que debimos poner Carmen y yo al ver cómo el remolque de la barca se deslizaba suavemente por la pendiente de cemento de la playa de Orellana, hasta sumergirse a tres metros de profundidad bajo las aguas heladas y grises de Semana Santa, allá por el año 2000 o 2001. Entonces tuvimos la suerte de contar con mi hermano Rafa y con Erno, que improvisaron un rescate de lo más profesional y pudimos recuperarlo sin mayor dificultad…

Hay otros salvamentos  que parece que no tendrán un final tan feliz como aquél.
 
Una de las manifestaciones convocadas por diversas agrupaciones de vecinos



Al igual que un gigantesco catamarán con exceso de carga, encalló hará unos treinta años, con la proa apoyada en la calle Camarena y la popa arrastrando a la embarcación hacia la calle Valmojado y el Parque de Aluche. Le bautizaron con el nombre del histórico dirigente socialista Fernando de los Ríos y a su inauguración, estando de servicio como voluntaria de la Cruz Roja, asistió Carmen.

Hasta hace cuatro o cinco años yo no prestaba demasiada atención al Centro Cultural Fernando de los Ríos. Lo conocía, pasaba delante de él con el autobús, pero nunca había subido a bordo… Su modernísimo diseño, con los altos pilares cilíndricos y sus planchas blancas cubriéndolo todo, como si de mármol se tratara, competía en originalidad, aunque con estilos diferentes, con la fábrica de la parroquia de San Juan Bautista de la Concepción, ambos perfectamente integrados en una de las urbanizaciones más conocidas de Aluche: San Bruno.

Cuando Itziar se matriculó en el colegio anejo a la parroquia (San Juan García), y todavía era pequeña para manejarse sola por el barrio, le dejaba todas las mañanas sobre las 8 y cogía el 25 frente al centro cultural. Por la tarde repetíamos, a la inversa, la operación. Por aquel entonces, en más de una ocasión quedaba con sus amigos en la biblioteca del Fernando de los Ríos para hacer algún trabajo y, básicamente, conectarse a Internet en alguno de los terminales de acceso público. Tanto en la sala de lectura, como en el resto de las instalaciones, se veía un movimiento incesante, con chavales entrando y saliendo, provocando el inevitable barullo. Pero no solo había críos. Gente de todas las edades acudía a diario, lo supe más tarde, a participar en alguna de las numerosas actividades que se ofrecían a un módico precio. A saber: Aeróbic, Batuka, G.A.P., Gimnasia, Masaje, Pilates, Tai chi, Teatro, Yoga, Conocer Madrid, Historia de España, Historia del arte, Letras, Neuróbic (taller de memoria), Alemán, Francés, Inglés, Bailes de salón, Salsa, Danza del vientre, Danza española, Bolillos, Cerámica, Corte y confección, Cuero, Encuadernación - Encuadernación y dorado, Manualidades, Marquetería, Pintura, Restauración, Telares, Tiffanys, Teatro infantil, Ajedrez infantil, Inglés infantil (5 a 8 años), Inglés infantil (9 a 12 años), Danza española infantil (5 a 8 años), Danza española infantil (7 a 12 años), Danza española infantil (12 a 16 años), Pintura infantil (6 a 11 años), Pintura infantil (5 a 10 años), Pintura infantil (11 a 16 años) y Guitarra infantil.
 
Parroquia de San Juan Bautista de la Concepción

 

Después de algún amago de suspensión de actividades, un buen día nos informaron que por una avería en la cubierta de proa y a estribor, donde se localizaban la biblioteca y un par de aulas, se veían obligados a cerrar la mitad del centro cultural. Transcurrieron varias semanas, llegó Navidad y, no sé si por simpatía o por cualquier otra razón que nadie fue capaz de explicar, acabó clausurándose la totalidad del Fernando de los Ríos, distribuyendo las actividades que se desarrollaban en el mismo entre otros centros del distrito de Latina.

¿Qué había pasado? ¿Qué motivos empujaron a las autoridades municipales a cerrar, con nocturnidad y alevosía, una institución que cumplía con creces una importante labor de dinamización y cohesión en el barrio?. La información que no fluye deja un espacio precioso por donde discurre libremente el rumor y el bulo. Se llegó a decir que el hermoso catamarán se iba a reconvertir en un Mercadona…; o que se volvería a abrir a finales de 2014 (¡cuán largo me lo fiáis!), una vez finalizadas las obras de rehabilitación que ni tienen trazas de comenzar a estas alturas del año.
 
Vista lateral del centro cultural enclavado en la urbanización San Bruno
 
 
Y a los rumores les sigue una estela de temor que no es fácil borrar. Como anejos al Centro Cultural Fernando de los Ríos, hay una cafetería y el CAD (Centro de Atención al Drogodependiente) de Latina. Adrián es quien lleva la cafetería y no ve nada claro su futuro, vinculado a un centro cultural en funcionamiento, según el contrato firmado con el Ayuntamiento. Y en cuanto al CAD, todavía ondean las pancartas que avisan de su posible desmantelamiento…

¿Qué está pasando? Las asociaciones de vecinos convocaron un par de concentraciones precedidas de sendas recogidas de firmas contra el cierre. Lo que hasta hace poco era un constante trajín y bulle-bulle ahora ya no es nada. Escribo en la vacía cafetería de Adrián, donde solo me acompaña una madre que le echa una mano a su hijo en las tareas escolares; y me había resistido a tratar este asunto pues me parecía tan grosero que esperaba un reconsideración por parte de los responsables del desaguisado.
 
¿Tenemos que presenciar impasibles cómo se desmorona una parte importante de nuestro entorno? ¿Qué medidas deberíamos adoptar para evitar que se sucedan estos desmanes? Esa es la cuestión, y la respuesta tendremos que buscarla en nosotros mismos.

Porque mucho me temo que, más de cinco meses después del desastre, el cambio de rumbo que todos esperamos no se va a dar, y el catamarán que encalló hace tres décadas en Aluche acabará hundiéndose en el puerto sin que el equipo municipal, embarcado en otros menesteres cuyo alcance se me escapa por completo, mueva un dedo para remediarlo.





 

2 comentarios:

Christian Vegas Marín dijo...

No corren buenos tiempos para la cultura......en realidad no corren buenos tiempos para casi nada. No creo que nos merezcamos esto.

Christian Vegas Marín dijo...

No corren buenos tiempos para la cultura.........en realidad, ¿corren buenos tiempos para algo?